Un viaje de ocho años y ocho horas

“Uno es de donde llora, pero siempre querrá ir a donde ríe”, escribe Elvira Sastre en un poema. Quizá por eso George Nana Okyere (Ghana, 1970) decidió salir de su tierra hace ya once años, cuando emprendió un viaje hacia España que duraría más de lo esperado.
“En mi casa vivíamos una situación difícil, mi padre había fallecido y éramos cuatro hermanos”, explica George Nana. Fue esa la razón por la que se propuso llegar a Europa, al igual que varios vecinos y conocidos que habían hecho el viaje antes que él. No iba a ser un viaje fácil, y posiblemente le llevaría varios años. La primera parada de su viaje hacia España fue Mauritania, en el año 2005, a donde llegó “siguiendo la ruta” que se había marcado, la misma que se marcaron durante esos años miles de personas.
Un año después de que George llegara a su primer destino, en 2006, estallaría la conocida como crisis de los cayucos, que puso en vilo a los medios de comunicación de todo el mundo por la llegada masiva de estas embarcaciones a las costas de las Islas Canarias, así como por la preocupación de saber qué ocurría con las vidas perdidas en el mar. “Mauritania ha sido históricamente un país de inmigración, pero en los últimos años se ha convertido además en un país de tránsito de la migración hacia la Unión Europea, concretamente hacia España”, señalan desde Cruz Roja. Según un informe de esta institución, casi 40.000 personas llegaron a las costas españolas en este año.
George nació en Ghana en 1970.
George vivió cinco años en este país del noroeste de África dedicándose a la construcción, oficio que había aprendido desde muy joven. Durante el tiempo que estuvo en Mauritania, ahorró dinero suficiente para continuar su viaje. Marruecos, en el Magreb, sería el país donde iba a pasar otros tres años de su vida. “Marruecos es un país musulmán y yo soy cristiano, por lo que no me gustaba estar allí”, señala. George sobrevivía en Marruecos ayudando a un amigo marroquí en las labores de casa. Ese mismo amigo es quien le facilitaría un contacto para el viaje más difícil de su vida. “Me dijo que me ayudaría a cruzar hasta España por 100 euros”. Una cantidad nimia de dinero teniendo en cuenta que hoy se paga alrededor de 1.000 euros por persona para acceder a una patera.

“Tengo dos opciones: o muero en el agua o vivo. Y ambas cosas las decide Dios”. Son las palabras que George Nana se repitió antes de aceptar subir a la embarcación. A su espalda, ocho años lejos de su tierra natal en dos países distintos con el único fin de llegar hasta España. Era marzo de 2013. Subidos en la canoa de plástico, seis hombres, cinco de ellos de Senegal.

RecorridoGeorge
El recorrido que hizo George para llegar a España.
Pasaron ocho horas remando dentro de la embarcación. “Hacía muy mal tiempo y el día era horrible. Solo Dios era capaz de salvarnos”, cuenta. Llegaron aTarifa (Cádiz). Habían conseguido cruzar, al fin, el Estrecho de Gibraltar. “Cuando llegamos a la costa, la policía llamó a Cruz Roja y vinieron a atendernos” explica. George pasó dos meses y medio en el Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE) de Tarifa, desde donde fue trasladado a Córdoba. “En Cruz Roja me dieron una tarjeta para que la llevara conmigo”. En ella, su nombre completo y año de nacimiento, su país de procedencia y su fecha de llegada. Es el único documento de identificación que lleva consigo.
Treinta euros era todo lo que tenía para viajar hasta Pamplona, donde vivía ya un amigo suyo. “Le llamé y me llevó a un piso donde me alquilaron una habitación, pero después de un mes tuve que dejarla porque no podía pagarla”, cuenta George. Fue entonces cuando llamó de nuevo a las puertas de Cruz Roja y le facilitaron “dormir algunos días en el albergue de Cáritas”. Todas las mañanas, George acude a Cáritas, en Burlada, donde trabaja “empaquetando y trasladando cosas”, explica.

El idioma, sin embargo, continuaba siendo un obstáculo para poder desenvolverse en su nueva ciudad. “Me dijeron que existía Ikaskide y llevo dos años aquí, donde me siento muy bien”. Ikaskide, de la Fundación Itaka-Escolapios, ofrece cursos de alfabetización y enseñanza de castellano para personas en la misma situación de George.

George y sus compañeros de castellano.

Si tuviera dinero, George volvería a Ghana a ver a su madre y a sus hermanos. “Es muy difícil conseguir los papeles”, se lamenta, aunque Pamplona es ya su hogar. “Los domingos voy a la iglesia en la Rochapea”, indica. A veces llama a su madre y le cuenta que la ciudad “es maravillosa” y que está “muy feliz aquí”. Ocho años y ocho horas de viaje para alcanzar la felicidad.

 

Esta historia fue publicada en Stolperstein en enero de 2016

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